El discurso ambiental suena bonito y es objeto de aplausos, hasta el momento en que se compara con la realidad, como los intereses que se afectan son enormes, entonces el discurso bonito, pasa a ser revoltoso u ‘ojete’. La misma situación la vemos en la antigua Anatolia, en los bosques de Guerrero o en las minas de Zacatecas. Por eso hay autores que hablan de la maldición de la riqueza representada por los recursos naturales, porque son objeto de explotaciones que terminan dejando en los territorios de origen más pobreza o depredación ambiental. En el caso de la minería, se sabe que en todo el mundo es especialmente agresivo con la naturaleza, por lo que en los países desarrollados como Canadá, que cuentan con mejores normas ambientales y la observación de la sociedad es mayor, lo cual se traduce en mayores impuestos y en una organización de la sociedad civil más vigilante, las grandes empresas prefieren trasladarse a países como el nuestro, por la permisividad gubernamental generada por la corrupción y la escasa vigilancia social en el tema.

Es cosa de evaluar el impacto de la Ley de Equilibrio Ecológico y Protección Ambiental, en los temas de descargas de aguas residuales y depósito de residuos peligrosos característicos de la industria minera, las montañas de los llamados ‘jales’ de las minas. Con los nuevos modelos extractivos, donde se contemplan las explotaciones a cielo abierto en el caso de las minas de oro, se produce una cantidad enorme de residuos que en el estado asciende a 250 toneladas por onza de oro obtenida. Pero también está el gasto inmenso de agua (por la hidrometalurgia), y la cianuración, que produce contaminación que dura cientos de años. Así también, vemos los efectos estudiados en Zacatecas especialmente en contaminación por mercurio y plomo. El caso de Vetagrande, por cuestiones de salud ha sido tan grave que se llegó a reportar anencefalia en esta zona. O el caso paradigmático de La Zacatecana, donde se calcula que en el fondo del vaso de la laguna que ahí se encuentra, están depositadas 3 mil toneladas de mercurio; y que sus aguas recorrieron por décadas un arroyo que va hasta la Era, pasando por Tacoaleche y regaron durante décadas cientos de hectáreas dedicadas a la producción de hortalizas. El otro caso, más reciente, es el de Peñasquito en Mazapil, que tiene el sistema de extracción a cielo abierto que arriba mencionamos, y que de acuerdo a CNA extrae 13.5 millones de metros cúbicos de agua al año, cantidad muy superior a lo que el acuífero puede captar en sus escasas lluvias. Como podemos observar, el problema de la relación entre el cuidado de medio ambiente y la minería, pasa por mejorar las capacidades estatales en el cumplimento de su deber y, sin duda, en aumentar considerablemente el compromiso de la sociedad civil en el cuidado del mismo.